sábado, 6 de julio de 2013

Reciclado de mojones


En estos años que llevamos recorriendo carreteras y caminos, no es raro encontrar mojones kilométricos (sobre todo del Plan Peña), hectométricos y balizas de todo tipo, reutilizados cuando no sustraidos para señalizar fincas, chalets u otros lugares.


A veces es un municipio, como sucede en Leganés, que recicla el viejo mojón y lo adapta a su nueva condición de elemento trasnochado en mitad de una ciudad. Se pierde la traza histórica (ya nadie recuerda qué carretera pasaba por ahí), pero se preserva el elemento, y se mantiene su ubicación (ese punto en concreto sigue siendo un p.k., aunque nadie lo recuerde, de una carretera olvidada).

En otros casos, el mojón cambia de lugar y de decoración, para convertirse un elemento indicador de una realidad privada, como sucede a éste, que se encuentra en un camino rural en las proximidades de Ciudad Real. Posiblemente, dentro de doscientos años más, desconcierte a algún arqueologo de carreteras (profesión con gran futuro, pero poco presente :-P).

Otras veces, se reciclan para acotar entradas, sin necesidad de cambiar su decoración. Se preserva el elemento a cambio de desubicarlo. Esta es práctica habitual en los centros de conservación de carreteras que, en muchos casos, se han ido dotando de pequeños museíllos del mojón. Pero a veces, y solo a veces, se logran grandes avances científicos, avances como la compresión espacial de distancias, como sucede en las Casas del Río (Porzuna, Ciudad Real), donde se ha creado el kilómetro más corto de mundo y, en cuanto se corra la voz, se convertirá en lugar de peregrinación de investigadores relativistas.


P.D.: Perdón por la nota de humor, consecuencia del calor veraniego.